¿Por qué evaluar el impacto?

Debido a la importancia que ha adquirido el desarrollo de competencias y calificaciones, así como el monto significativo de inversiones públicas y privadas, es necesario conocer el impacto de las acciones.

La necesidad de evaluar el impacto se reconoce cada vez más en ámbitos institucionales, públicos, privados y por las personas interesadas en la formación. Conocer los resultados, efectos e impactos de los programas de formación resulta fundamental para tomar decisiones a favor de la calidad, pertinencia y equidad de los mismos.

La creencia de que implica procesos exigentes en información y en tiempo y, por ende, relativamente complicados y costosos, inhibe muchas veces la utilización de esta herramienta práctica. En la evaluación no siempre son mejores los métodos más ortodoxos que muchas veces sólo se reproducen en laboratorios y no se relacionan con la práctica cotidiana de la formación. 

En esta misma línea, hay quienes opinan que una evaluación de impacto no siempre se justifica y se debe ser selectivo para determinar los casos en que se llevará a cabo. Al respecto en esta Guía se propone la regla de: “entre evaluar y no evaluar, siempre es mejor evaluar25” que se puede complementar con: “lo que no se mide no se puede mejorar”.

Para que una acción formativa tenga sentido y genere resultados debe responder a una necesidad de formación. Luego de identificar cuál es la necesidad o sea la demanda de formación, se definen los objetivos a lograr, se asignan recursos  y se realizan procesos que conducen al aprendizaje. La calidad, pertinencia y equidad con que se realicen las intervenciones, determinarán los efectos en las personas, las empresas y la sociedad.   A la visión de este ciclo como un proceso, se le denomina la cadena de resultados, que se muestra en el gráfico siguiente:

 

Los insumos son fundamentalmente recursos financieros que se utilizan para desarrollar procesos de aprendizaje, construir un centro, diseñar un programa de formación,  elaborar recursos didácticos,  capacitar docentes, entre otros.

Luego de realizada la inversión se incrementa  la oferta en términos de: centros de formación dotados, materiales didácticos, talleres de formación, currículos por competencias. Los efectos deseados se producen una vez desarrollado el proceso de formación  en respuesta a la demanda.

Los efectos directos, por lo general, se perciben en el corto plazo y  se pueden medir al finalizar cada curso, por ejemplo: participantes formados, certificados otorgados, evaluaciones de competencia aplicadas.  

El impacto es el fin último de la formación que debería reflejarse en mejoras en el bienestar de los participantes, en la productividad de las empresas y en la sociedad en su conjunto. En el anexo 3 se muestran las variables seleccionadas en un caso de evaluación de impacto.

 

 

25  Grubb, W. Norton; Ryan, Paul. The roles of evaluation for vocational education and training: Plain talk on the field of dreams. OIT, Ginebra, 1999